Seguidores de todos los rincones de Gipuzkoa asistieron a Jaizkibel para aportar ambiente a la Clásica de San Sebastián
03-VIII-2008.Igor González . DV. San Sebastián

La afición guipuzcoana disfruto de lo lindo con la Clásica de Donostia
El Tour de Francia no es el único que arrastra tras de sí un ambiente sin parangón en el ciclismo. Y el que piense lo contrario, se equivoca. Para muestra un botón. La Clásica, concretamente el puerto de Jaizkibel, es el epicentro de una afición que nunca falla en las cunetas, máxime si reina el buen tiempo, como ocurrió ayer. De nuevo la afición guipuzcoana aprobó con nota. Miles de aficionados acudieron a las rampas de este puerto de primera categoría para deleitarse con las figuras del pelotón, y cómo no, alentarles.
El día no pudo ser mejor. A pesar de que Lorenzo se mostrara tímido en las primeras horas de la mañana, se animó a medida que el gentío se iba colocando en el puerto guipuzcoano. El calor no desgastó a los aficionados, que no pararon de animar.
«Este día es increíble. En lo que a eventos deportivos se refiere, es el mejor que hay en San Sebastián», aseguraba Josu, un joven donostiarra que había acudido en bici junto con quince compañeros. «Somos amigos de la ikastola. Quedamos todos los años en el Buen Pastor para subir en bici y luego a poner ambiente. A veces solemos venir hasta treinta compañeros. Además nos hemos hecho unos maillots y unos culotes especiales para la ocasión, en los que pone «NVJ», Nos Vemos en Jaizkibel».
El puerto clave en la Clásica tiene un gran atractivo para los aficionados. Saben que es muy duro, con pendientes que en su máximo desnivel alcanzan el 8%, y que se trata de un punto caliente para el transcurso de la carrera.
El que acude a sus rampas, repite. Como ejemplo nos sirve un grupo de jóvenes donostiarras, que se encontraban a mitad de puerto, tomando unas cervezitas: «Es la primera vez que venimos aquí. Algunos en coche, los más valientes en bici. El año que viene pensamos repetir, pero vendremos mejor preparados, con barbacoas y demás. Hemos visto que aquí la gente viene bien preparada», afirmaba Josu, que se erigió en portavoz del grupo.
Otros, en cambio, ya conocían las virtudes de la prueba guipuzcoana y hace tiempo que cayeron en las garras de la Clásica, que llama a sus puertas cada año. «No faltamos nunca. Venimos toda la familia, nietos hijos... Siempre madrugamos para intentar coger el mismo sitio», apuntó Mª Carmen, que estaba rodeada de todos sus familiares en una mesa de camping y con comida: «Hemos traído calderete y tortilla de patata, aunque la tradición es comer paella. Eso sí, antes comemos pinchos y nos tomamos unas cuantas sidras», dijo Josetxo, otro miembro de la familia. «Total yo no conduzco», bromeaba.
No era esta la única familia que provocó que Jaizkibel se convirtiera en una amalgama de olores y alimentos. Neveras, tuppers, barbacoas, bocadillos... comida para todos los gustos. El buen ambienté, las bromas y las risas no faltaron durante todo el día.
Y como es habitual, el tráfico de bicis y de gente de en las carreteras fue impresionante. Muchos animaban con ímpetu a los que intentaban subir hasta la cima «¡dale, dale!», «¡aupa, aupa!»... Así se encontraban unos chavales de Lezo, que con 13 años habían subido hasta la mitad del puerto en bici y que como buenos seguidores realizaron algunas pintadas en el suelo: «Hemos hecho pintadas a Astarloza, Chavanel y a alguno más», decía Ander, quien aseguró que si su madre se enteraba «me mata».
Carrera y pronósticos
Hacia las 15:40 de la tarde, la Ertzaintza comenzó a dispersar a la gente de la carrtera y anunció que los corredores estaban cerca. Las cunetas se abarrotaron, debido a que una gran marabunta de gente salió de su madriguera para ocupar las mejores zonas, con el objetivo de lograr un buen lugar para animar a los corredores que estaban al caer.
«Llega la hora de los pronósticos», decía un joven en alto. Y es que las habituales porras no faltaron, como la de nueve jóvenes de Bergara que apostaron dos euros cada uno. «Yo apuesto por Valverde», «Yo he confiado en Betini. Aunque la apuesta más rara la ha hecho Mirentxu, que ha apostado por Zandio», decía Aitor. Josetxo, de Donosti, apostó por «Ribery, por cambiar», sabiendo que se trata de un futbolista.
En una de estas, los corredores hicieron su aparición. El momento esperado había llegado y en pocos minutos todo terminó. La cuenta atrás para la edición del año próximo ya ha empezado para los aficionados.
![]()
Información previa sobre la Clásica de Donostia y retransmisión en directo.