ANÁLISIS
23-VII-2009. Iñaki Izquierdo. San Sebastián
Todos los deportes necesitan grandes rivalidades, adversarios duros, con personalidades fuertes que se encuentren frente a frente. Esos duelos levantan pasiones y crean afición. Por eso, las dos primeras semanas del Tour de Francia han sido grandes para el ciclismo, porque el viejo campeón retó al joven de fuerza insultante y le hizo dudar. Posiblemente, el viejo sabía que no tenía ninguna opción de derrotar a un rival mucho más poderoso que él, mucho mejor que todos los demás. Pero le retó y, así, hizo grande a su sucesor.
La lucha entre Alberto Contador y Lance Armstrong, más psicológica que estrictamente deportiva -a la hora de la verdad no ha habido color- ha beneficiado al madrileño. Ha derrotado al jefe, al rey, a quien un día fue imbatible. Todos los grandes campeones cedieron su trono tras memorables derrotas.
Armstrong se fue a casa sin perder, pero le faltaba algo.
Regresó. Corrió el Giro, que nunca había corrido. ¿Le faltaba también una derrota heroica? ¿Ceder su reinado pero vendiendo caro su pellejo? Quizá sea mucho imaginar, pero redondearía su leyenda.
Armstrong, probablemente, ha hecho más por el ciclismo este año que cuando era imbatible. Las victorias indiscutibles no alimentan la épica, sólo engordan el palmarés. Su distancia, su individualismo brutal en la victoria, alejó a mucha gente del ciclismo. Su desafío descabellado a Contador ha hecho que miles de personas hayan pasado las tardes de julio pegadas al televisor.
Contador ha resistido el ataque del viejo y ha heredado el maillot amarillo de su legítimo titular, tras varios años sin dueño claro. Es en este Tour cuando se ha convertido en el verdadero sucesor, en un nuevo gran ciclista que puede marcar una época. Pese a su manifiesta superioridad ha necesitado dar lo mejor de sí para ganar. Se lo debe a sus piernas y a su compañero-enemigo-padrino.
El domingo, Alberto Contador se coronará como nuevo rey. Seis días después estrenara su corona de oro puro en Gipuzkoa, en la Clásica de San Sebastián. Un premio justo para una afición que adora este deporte. Una afición que también recibirá como se merece a un héroe de los de verdad, de los que luchan contra lo imposible y ganan: Mikel Astarloza. ¡Qué gran carrera nos espera!
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Información previa sobre la Clásica de Donostia y retransmisión en directo.