Demasiado cantado

La subida a Murgil garantiza un excelente ganador, pero condiciona demasiado el desarrollo de la Clásica. Buscaría alternativas

TXOMIN PERURENA

Con la presencia de los 'veteranos' José Luis Arrieta y Enrique Erentxun para recibir un merecido homenaje, no puedo dejar de pensar en una antigua idea del primero de ellos sobre el recorrido de la Clásica. Barajaba en su día introducir la subida a Erlaitz. Volvería a considerarlo. Igual que Arkale dio en su día chispa al trazado, buscaría alguna novedad. Los 212 kilómetros previos al circuito final se me hicieron pesados, y no es la primera vez que me ocurre. La presencia de la subida a Murgil bloquea la prueba. La reduce a los últimos diez kilómetros. Erlaitz daría más alternativas a los corredores y a los equipos, evitaría que la carrera se reduzca a esa pelea final entre los cinco o seis más fuertes. Murgil casi como único punto caliente garantiza un ganador de primera fila, pero no me convence recorrer toda Gipuzkoa cuando sabes en qué plaza vas a ver la faena buena. Demasiado cantado. Los seguidores de Curro Romero, al menos, viajaban por España entera sin saber dónde visitaría el duende al maestro de Camas.

La maniobra de la caída no se le ocurre ni al que asó la manteca. La caída en el descenso del alto de Miracruz, por desgracia, robó protagonismo a la ascensión a Murgil. No me explico la maniobra dentro del grupo del corredor del Dimension Data mientras miraba hacia atrás. Peligrosísima y fatal. Eso no se le ocurre ni al que asó la manteca. Lo hizo de tal manera que hizo el afilador con el ciclista del Lotto-Jumbo que iba por delante y arrastró a un buen número de corredores. En las imágenes de televisión parece que no bajaban a mucha velocidad, pero en ese terreno no hace falta nada para coger 50 kilómetros por hora o incluso 60. Fue un accidente absurdo, en una carretera ancha, en plena recta, sin ningún obstáculo ajeno a los propios ciclistas. Varios de ellos se hicieron mucho daño. Egan Bernal ni se movía al principio. Mikel Landa se llevó un buen golpe. Gorka Izagirre tardó en levantarse del suelo. Hay caídas que se producen en lugares con riesgo, en la pelea por coger la cabeza, en la primera semana del Tour... Nada que ver con la de ayer.

Julian Alaphilippe, el mejor del momento en estos recorridos. Alaphilippe confirmó sus dotes de corredor explosivo. Ya vimos cómo dejó atrás a Valverde en la subida a Huy de la pasada Flecha Valona, aunque el murciano no fuera el de sus mejores años en aquella ocasión. El francés es quizá el mejor de la actualidad en este tipo de recorridos. Además, sin ser un escalador puro, acaba de ganar el premio de la Montaña en el Tour. De todas maneras, tal y como se reparten los puntos hoy en día, hay que subir para imponerse en esa clasificación. Fue efectivo en Murgil. Esperando, esperando, apareció como una exhalación en los últimos metros para cobrar junto a Mollema esos segundos de renta suficientes para llegar con ventaja al Boulevard. En estos casos resulta imposible organizarte detrás. Nadie dispone de dos compañeros al lado a esas alturas de carrera. Uno le podía valer a Van Avermaet, pero no lo tenía. Esos segundos son de oro. Si además colabora Mollema, ya me dirán. Alguien puede discutir la postura del holandés. Pero si no tiras y te echan el guante los perseguidores, ya no haces ni segundo ni nada.

Tres del Euskadi-Murias en una escapada de seis. Los equipos invitados cumplieron mis previsiones. No es tan frecuente, en cambio, colocar a tres corredores del mismo equipo en una fuga de seis. Ocurre muy de vez en cuando. Lo consiguió Euskadi-Murias, que tuvo presencia en carrera y se llevó el premio de la Montaña. También Alex Aranburu, nuestro futuro, estuvo cerca de los mejores. Paso a paso. Pero sin dormirse.

 

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