Clásica de San Sebastián

Kwiatkowski se lleva la Clásica

Kwiatkowski, en el podio escoltado por Gallopin y Mollema. / JOSE MARI LÓPEZ

El corredor polaco del Sky vence al sprint en el Boulevard por delante de Gallopin, Mollema, Dumoulin y Mikel Landa en una carrera en la que el gran protagonista ha sido Haimar Zubeldia con su última prueba encima de la bicicleta. Por primera vez desde que se incluyó Igeldo el ganador no llegó en solitario a la meta

DV SAN SEBASTIÁN.

Michal Kwiatkowski (Sky) ganó una impresionante edición de la Clásica de San Sebastián. De alta escuela. Los mejores se jugaron la victoria y ganó el polaco, uno de esos contadísimos ciclistas que levantan a los aficionados de sus asientos. Por su valentía, su velocidad, su actitud siempre ofensiva y su asombrosa variedad de recursos. Ayer necesitó emplear varias de sus habilidades, primero para no perder el hilo en Murgil, cerrar luego el hueco arriesgando en la bajada de Igeldo y después saber manejar tácticamente los kilómetros finales antes de sacar a relucir su sprint en la recta de meta para batir con comodidad a sus compañeros en una fuga aristocrática. Con semejante compañía solo podía ganar así, de forma brillante.

Era la avanzadilla que sueña todo organizador. Daba igual quién ganase, la txapela iba directa a la cabeza de un gran corredor. Junto al polaco cabalgaban nada menos que Tony Gallopin (Lotto), el ganador del año pasado, Bauke Mollema (Trek), Mikel Landa (Sky) y un enorme Tom Dumoulin (Sunweb), que llevaba un mes sin correr y dos de festejos desde que ganó el Giro de Italia. El holandés desborda clase y puede marcar una época a partir de ya. Chris Froome (Sky) tiene por quién preocuparse en su camino hacia el quinto Tour.

Kwiatkowski gana mucho y gana bien. Selecciona con cuidado dónde levantar los brazos. Este año se había anotado la Milán-San Remo y la Strade Bianche. Se impuso en la via Roma y en la Piazza del Campo de Siena. Ayer levantó los brazos en Donostia. No tiene mal gusto el polaco, que ha sido uno de los gregarios de lujo de Froome en el Tour, el primero al que el británico fue a abrazar nada más cruzar la meta de París. Un corredorazo.

La victoria de Kwiatkowski culminó una jornada de trabajo modélica del Sky, para estudiar en las escuelas. Tantas veces caricaturizado por sus nuevos métodos, su sobreabundancia de dinero y su punto de vista diferente, lo cierto es que la aportación del equipo inglés al ciclismo en los últimos años ha sido muy reseñable. Se puede decir que ha dejado huella. Ajeno a la desconfianza que ha generado en el viejo ciclismo, el Sky ha influido con su forma de hacer las cosas y su enfoque de las carreras.

Lección magistral del Sky

Ayer dominaron la Clásica de arriba a abajo con un trabajo de precisión. Controlaron la fuga inicial, metieron a hombres de peso (Henao y Moscon) en el peligroso corte tras la segunda pasada de Jaizkibel, lanzaron por delante al joven talento italiano hasta llegar a Murgil, rompieron la subida con Mikel Landa y gestionaron el descenso para conseguir la ventaja táctica de ser dos en el grupo de cinco de cabeza cara a meta frente a tres rivales solos. Landa buscó sorprender en las calles de Donostia y, una vez atrapado por Dumoulin, tiró en busca del sprint para que Kwiatkowski rematara.

Y el polaco ganó. No se pueden hacer las cosas mejor. Es verdad, como sucede siempre en el deporte y en la vida, que haciendo todo igual podrían haber perdido, que Gallopin podría haber batido a Kwiatkowski en los últimos metros. Pero el trabajo fue perfecto para provocar las condiciones óptimas para una victoria. Luego, el triunfo depende de muchos detalles, pero el camino al podio que trazó ayer el Sky fue perfecto.

A veces se critica la disciplina militar, jerárquica, que utiliza en la carreras. Hay a quien no le gustó el papel secundario de Landa en el Tour, pero los hechos son incuestionables. Eligen lo mejor. Lo hicieron en Francia y de nuevo ayer. Landa jugó para ganar dos veces y cuando no les salió jugó para que ganase su compañero. Desde el punto de vista del equipo, de diez.

Jaizkibel mina las fuerzas

Ayer carrera resultó brillante, con una segunda vuelta por el circuito Jaizkibel-Arkale muy rápida que rompió el gran pelotón y, luego se vio en Murgil, dejó sin fuerzas a más de uno. Sobre todo a Rigoberto Urán (Cannondale). El colombiano estaba convencido de poder ganar y saltó con alegría al ataque definitivo de Landa. Pero se quemó en el intento. También pagó el ritmo Warren Barguil (Sunweb). El ganador de la montaña del Tour tuvo que pasar los trastos a su compañero Dumoulin, que cada día que pasa impresiona más. Tampoco Van Avermaet superó el corte de Murgil.

Fue una carrera de eliminación, casi como si fuera la etapa 22 del Tour. La gente fue cediendo por el ritmo machacón impuesto por el grupo (solo terminaron 86) y en el punto culminante solo había sitio para los mejores. La colocación no tuvo ninguna incidencia. Nadie con fuerzas se quedó sin poder pasar adelante. Estaban todos los que eran.

Un gentío arropó a los corredores durante todo el día. Haimar Zubeldi (Trek) fue el más aplaudido y el usurbildarra logró terminar su última carrera. Podrá decir que su última carrera fue un carrerón.

Kwiatkowski da brillo al palmarés de la Clásica, donde no hay espacio para los segundos espadas. Por primera vez desde que se incluyó el paso por Igeldo, no ganó un hombre en solitario sino que llegó un grupo. Eso ilustra la necesidad de ir evolucionando. Los mejores corredores van encontrado las fórmulas de dominar la carrera. Acabarán dominando Igeldo, pero de momento este recorrido asegura el espectáculo. Un espectáculo de primera.

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