CICLISMO

La historia de 'Mitxal' Kwiatkowski

Milán-San Remo. Kwiatkowski saca a relucir su punta de velocidad y, tras aguantarle en el Poggio, sorprende en el sprint de via Roma a Peter Sagan (Bora), al que bate por un tubular. Tercero es Julian Alaphilippe (Quick Step)./EFE
Milán-San Remo. Kwiatkowski saca a relucir su punta de velocidad y, tras aguantarle en el Poggio, sorprende en el sprint de via Roma a Peter Sagan (Bora), al que bate por un tubular. Tercero es Julian Alaphilippe (Quick Step). / EFE

Iñaki Juanikorena descubre al ganador de la Clásica

IÑAKI IZQUIERDOSAN SEBASTIÁN.

Michal Kwiatkowski (Sky) ya era una gran figura antes de ganar el sábado la Clásica de San Sebastián. Esta misma temporada se había adjudicado la Milán-San Remo, una victoria tras la que uno se puede retirar y no volver a correr nunca más porque no se puede ganar nada mejor. Pero levantar los brazos en el Boulevard donostiarra le hizo una ilusión especial a Kwiatkowski. ¿Por qué? Iñaki Juanikorena, el director hernaniarra del Caja Rural en el que el polaco, de 27 años, debutó en profesionales en 2010, cuenta la historia.

«Nos lo ofreció Eusebio Unzue. Me llamó para decir que tenía un chaval polaco que había sido campeón de Europa contrarreloj júnior. Había hecho un año sub 23 en Italia y le llevaba el mánager Giuseppe Acquadro, que lo quería colocar a toda costa en el Caisse d'Epargne. Pero Eusebio me dijo que tenía 19 años y que no se atrevía, que a ver si nos interesaba. Yo pensé que malo no podía ser, que un campeonato en línea se puede ganar por suerte pero contrarreloj hay que andar. Que lo probásemos un año y luego lo cogían ellos. Le dije que adelante».

Juanikorena recuerda que «antes de venir nos dijo que tenía un hermano mayor, Radoslav, y que a ver si podía venir con él. Pues que venga, respondí. Él con nosotros al equipo profesional y el hermano al de aficionados».

«Les gustaba venir a dar una vuelta por Donostia con Radoslav y recuerda con cariño aquellas tardes»

La primera imagen que tiene el hernaniarra de Kwiatkowski es curiosa. «Aparecieron en febrero, los dos juntos. Llegaron en un Volkswagen Passat viejo. Vinieron de tirada desde Polonia, más de 2.500 kilómetros. Tardaron día y medio o algo así. La verdad es que daba un poco de pena verlos, pero allí estaban. Habíamos quedado en Altsasu, donde teníamos un piso, y allí se quedaron».

La adaptación fue buena. «Se apañaban bien. Yo creo que la presencia de Radoslav fue importante, porque era mayor y estaban juntos. Si llega a venir solo no habría sido igual. Aprendieron castellano muy rápido, aunque a Michal ahora se le ha olvidado un poco. Hay que decir que Radoslav no andaba nada mal. No era ningún fenómeno pero era un ciclista majo».

«Este no anda nada»

Juanikorena insiste convencido en que a Michal Kwiatkowski desde el principio «se le veían detalles majos. Había gente del Caja Rural que decía que 'este no anda nada', manda narices. Pero tenía cosas. Por ejemplo, recuerdo una etapa en Castilla y León, con meta en el alto del Morredero, que ganó Contador, él atacó a unos 40 kilómetros de meta con otros dos. Fue a bloque y les soltó. Empezó el puerto con 30 segundos y no le cogieron hasta a falta de tres o cuatro kilómetros. Y tenía 19 años. Eso no lo hace cualquiera».

A pesar de esos detalles, a final de temporada Eusebio Unzue no estaba convencido. «Me llamó y me dijo que no le iba a coger. Y me explicó que no se atrevía porque se le atragantaba la montaña... Y mira cómo ha andado en el Tour. La cosa es que se arregló con Acquadro y este lo colocó en el RadioShack».

«Fue una casualidad»

Juanikorena no duda en reconocer que haberlo fichado para el Caja Rural fue «una casualidad. Yo no perdía nada por cogerle. Si había sido campeón de Europa contrarreloj, remando solo, algo debía de tener. Otra cosa es la evolución que podría tener, pero había materia prima».

Recuerda que en aquella época viviendo en Altsasu, «les gustaba mucho entrenar por la vuelta de Lizarrusti. Era por donde más andaban. Y tanto a él como a su hermano les gustaba ir a Donostia a pasear. Recuerda con enorme cariño aquellas tardes con Radoslav, al que le gustaba mucho acercarse a ver La Concha. Conoce bien la ciudad por eso y por eso para él ganar la Clásica ha sido algo impresionante. Cuando dice que es una victoria especial lo dice con sentimiento. Para él Donostia está relacionado muy de cerca con una etapa especial de su vida».

«Unzue debía cogerle tras un año con nosotros, pero no se atrevió porque se le atragantaba la montaña»

De aquella época le ha quedado otra cosa, el nombre. «En Polonia es 'Mijael' pero aquí le llamábamos 'Mitxal'. Su hermano también le llamaba así. Ahora, cuando le veo le pregunto a ver cómo quiere que le llame y me dice que 'Mitxal'. Es majo chaval. Muy buena persona, agradecido. No se le ha subido nada el pavo. Ahora es una estrella y ya es más abierto hacia el exterior, pero tiene una personalidad discreta, amable, nada endiosado».

Ahora, Michal Kwiatkowski es una de las grandes figuras del pelotón, ha sido campeón del mundo, ha ganado en San Remo y muchas cosas más. Pero el sábado volvió a ser 'Mitxal', aquel chaval que vino en un Passat desde Polonia junto a su hermano Radoslav.

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