Clásica de San Sebastián

El otro pelotón no defrauda

Por el asfalto de Igeldo, los seguidores aplaudieron sin cesar, sobre todo al guipuzcoano Zubeldia

KAREL LÓPEZSan Sebastián

Son el otro pelotón, el que nunca defrauda en Donostia. ¡Qué sería del ciclismo sin sus fieles! O mejor dicho: qué sería del deporte sin sus aficionados, sin aquellos que sufren como si de auténticos ciclistas se tratara para apoyar al pelotón de verdad. Ayer, cientos de esos integrantes del ‘otro pelotón’ se volcaron con los ciclistas que completaron la Clásica en la subida a Murgil, esas duras rampas -intensas pero no demasiado largas- de Igeldo en las que se empezó a decidir la carrera.

El día acompañó. Sin duda. Pegaba el sol, aunque los árboles protegían y la brisa refrescaba. No lo suficiente para evitar las clásicas sudadas y pequeños agobios de aquellos que no están demasiado acostumbrados a coger la bici e ir puerto arriba. Ayer, para estos aficionados, lo importante era, sin duda, llegar hasta la cima por las rampas de la subida de Murgil.

A partir del cruce del Cámping de Igara empezaba lo duro. Llegaba la hora de la verdad para los ciclistas y ahí fue donde se empezó a juntar el otro pelotón, el de los aplausos. Desde primera hora de la tarde. A eso de las 16.00 horas, cuando aún faltaba poco más de una hora para que pasara la carrera por ese tramo situado a diez kilómetros de meta, familias enteras, parejas, grupos de amigos... no dejaban de subir; algunos en bici y otros, en cambio, andando.

Justo donde comenzaba el puerto, dos amigos de Burgos esperaban al paso del pelotón. Tenían claro que Kwiatkowski podía ser uno de los aspirantes... Acertaron de pleno. En esa misma primera gran rampa, Ander explicaba que «estaban pasando unos días en Pasaia, donde la abuela, y nos hemos animado a venir todos en familia. Nos gusta mucho el ciclismo. Además, es la mejor forma de despedir a Haimar Zubeldia. Se lo merece. Ha sido un gran ciclista».

Pancartas y pintadas

Más arriba, no faltaban las pancartas y pintadas dedicadas a Haimar. «Eskerrik asko, Haimar», decían. Cuando el guipuzcoano, que ayer llevaba el dórsal número uno, pasó, solo se escuchaban aplausos y gritos de apoyo.

Y antes de que llegaran los protagonistas, ese otro pelotón que esperaba sobre todo a Haimar se animaba y divertía como podía. A menos de nueve kilómetros para meta, en uno de los tramos más duros, un joven deleitó al resto de aficionados con sus habilidades sobre la bicicleta. Era capaz de bajar las duras rampas con la rueda delantera quitada; y, después, se colocaba tras alguno de los muchos que subía y hacía lo propio cuesta arriba. No iba nada despacio. Por supuesto, de esta forma logró hacer despertar a los seguidores antes de que llegaran los ciclistas profesionales.

También se puede decir que, como el principal, el otro pelotón, el que aplaude y grita -y en ese en el que da igual que en mitad de la subida haya integrantes que se paren unos minutos para tomar aire y beber-, es internacional. Ya saben: verano, sol y, sobre todo, Donostia, es lo que tienen. Si la capital guipuzcoana está llena de turistas, tampoco faltaban en la subida de Murgil. «Me mareo solo de pensar las cuestas que tienen que subir por aquí», decía un suizo que está alojado durante esta semana en Donostia. «La gente anima mucho».

Como cada año cuando el mejor pelotón del mundo pasa por Gipuzkoa, el otro pelotón -ese que también es necesario- no defraudó, tampoco en la subida de Murgil, un rincón donde se despidió de forma sensacional a Haimar Zubeldia.

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