Clásica de San Sebastián

Urán viene a ganar

Rigoberto Urán, en su hotel de concentración en Irun, tras el entrenamiento de ayer. / F. DE LA HERA
Rigoberto Urán, en su hotel de concentración en Irun, tras el entrenamiento de ayer. / F. DE LA HERA

El segundo del Tour recorrió ayer los últimos kilómetros de la Clásica

I. I. SAN SEBASTIÁN.

A Rigoberto Urán (Cannondale) las piernas le van solas. Giran más rápido que nunca, rebosan poder, y el colombiano quiere aprovechar el momento. Tras su estratosférico segundo puesto en el Tour, quiere ganar la Clásica de San Sebastián. Por eso ya está en Gipuzkoa, a donde llegó ayer para completar un entrenamiento de tres horas recorriendo los últimos cien kilómetros de la carrera de mañana, Jaizkibel, Arkale y Murgil incluidos.

Su director, Juanma Garate, ganador de la Clásica de 2007, lo tiene claro: «Viene a ganar». Y por eso organizó ayer un entrenamiento colectivo del equipo, para «situar el final de carrera» a los corredores. No le importa decir abiertamente que se la van a jugar con Urán, porque «no es ningún secreto ni a nadie le va a sorprender» que esa sea la táctica del Cannondale. El colombiano llega en una forma extraordinaria y tiene punta de velocidad, así que su candidatura es seria.

El corredor de Urrao, de 30 años, ha conseguido el mejor resultado de su carrera en el Tour, pero su influencia en el ciclismo colombiano va mucho más allá de su rendimiento deportivo.

Urán aterrizó en Europa joven y ha ido abriendo camino a sus compatriotas. En 2006, con 19 años, se fue a Italia, al equipo Tenax de fabio Bordonali. Se instaló en Brescia, en Lombardía, en la Italia rica, en casa de la familia Chiodi, que aún hoy son «como mis padres», asegura.

Dejó atrás una vida dura en Colombia. En 2001 su padre cayó muerto al verse en medio de un tiroteo entre el Ejército y los paramilitares, en el que no tenía nada que ver. Cuando murió su padre tuvo que ponerse a trabajar como vendedor de lotería para poder sobrevivir en las calles de Urrao. Su hermana era más pequeña que él. Estudiaba, corría y trabajaba. «Para mí el pasado ya es pasado», zanjaba en una entrevista con este periódico este año.

Con 16 años, a Urán le ofrecieron dinero por correr y lo aceptó inmediatamente. «Necesitaba el dinero», recuerda. Comenzó a oír hablar de Europa, donde había más oportunidades para desarrollar su potencial y aquí se vino. «Cuando corría en amateurs lo hacía en ropa de deporte y zapatillas, no teníamos dinero y comprar una equipación ciclista era impensable». Ganó la primera prueba que corrió, una contrarreloj de 10 kilómetros.

«Es un pionero»

«Es un pionero que nos ha enseñado a todos el camino», aseguró en el pasado Tour Esteban Chaves (Orica). En la carrera francesa, Urán se ha echado a la espalda a todo el ciclismo colombiano ante la baja forma de sus compatriotas más jóvenes. Ha ejercido de patriarca y se ha envuelto en una capa de autoridad moral aún mayor -ya era indiscutible antes-. Es el tercer colombiano que sube al podio de París tras Fabio Parra y Nairo Quintana.

Urán, que termina contrato con el Cannondale, sigue manteniendo los vínculos con Italia pero vive en Mónaco con su novia, Michele, hija de un industrial monegasco. El antioqueño también ha empezado a dar sus primeros pasos como empresario, con la firma de ropa ciclista Gorigogo. «Es mi firma de ropa. La llevamos entre mi mujer Michele y yo. En 2014 montamos la empresa, tenemos ocho trabajadores. El último año ha crecido mucho. Me llena mucho porque me llega el cariño de la gente. Estoy feliz ¡y generamos empleo!».

Fotos

Vídeos