Hasta avituallóa los compañeros

Exhibición de un Evenepoel fuera de serie. Ganó la Clásica. Y de qué manera |

TXOMIN PERURENA

Los abandonos prematuros de Julian Alaphilippe y de Egan Bernal, así como ver a Mikel Landa rezagado en la subida a Erlaitz habían dejado a la Clásica sin las figuras del Tour, sin sus grandes nombres. El alavés tuvo el detalle de reaccionar y hacer una labor de equipo para Valverde en la aproximación a las dos subidas a Igeldo, lo que habla bien de él. Daba la impresión de que los aficionados iban a resignarse a haber visto a las estrellas el viernes en la presentación de los equipos. Nubes virtuales se cernían sobre la prueba... hasta que irrumpió Remco Evenepoel. De forma inesperada para el gran público. El chaval no se olvidará de su gesta. Tampoco del apoyo que recibió en la ascensión por parte de una afición entregada y numerosa, aunque como buen flamenco estará acostumbrado a multitudes de espectadores en las carreras ciclistas. Tuve la suerte de verle en acción por televisión en el Mundial júnior del año pasado, en Innsbruck. Una caída y el tiempo que costó repararle la bicicleta le llevaron prácticamente al último puesto de la carrera. Llegó descolgado a una ascensión larga y dura, donde me dejó boquiabierto. Pocas veces he asistido a una cosa igual sobre una bicicleta. Rebasó uno a uno a la mayoría de un pelotón disgregado. Nadie era capaz de aguantarle la rueda. Cuando llegó a la cima ya estaba cerca de la cabeza. Unos kilómetros más adelante se puso a la altura de sus mejores rivales. Atacó, se fue solo y ganó. Después me enteré que él mismo había ganado la prueba de contrarreloj unos días antes. Parecía una locura que diera el salto directamente de juvenil al World Tour. No ya a profesional, sino al World Tour. Y miren cómo va.

Harrapar y pasar, como el perro de Ormaiztegi

Lo de ayer me recordó lo de Innsbruck. Desconozco si sufrió algún problema en la primera ascensión hacia Igeldo. Después, comenzó la remontada. Tras el descenso volvió al grupo de los hombres fuertes, bajó al coche de su equipo, avitualló a los pocos compañeros del Deceuninck que figuraban en el grupo de elegidos, saltó a por Skujins, colaboró, fue el principal artífice de que la ventaja subiera, puso en jaque al Movistar, obligó a Astana a compartir responsabilidades con el equipo de Unzué, soltó al letón e inició una cabalgada monumental. Para el recuerdo. Harrapar y pasar, como el perro de Ormaiztegi. Nadie se acordaba ya de Alaphilippe y Bernal.

Estos jóvenes no amagan, sino que dan a la primera

No albergo ninguna duda de que el éxito de Evenepoel habrá dejado entre los organizadores mejor sabor de boca que el triunfo de Zadrobilek hace treinta años. Al contrario que entonces, presumo que no hay razón para las úlceras. Los jóvenes empujan. Bernal, Van der Poel, Van Aert... Además, estos no amagan. Dan a la primera. Se están ganando a pulso un sitio en la élite. Hay ciclistas para un buen número de temporadas, y con las máximas aspiraciones. Lástima que, al menos de momento, no haya ninguno de los nuestros entre ese privilegiado ramillete.

Ver la Clásica pasar por mi Oiartzun el día de San Esteban

Me estoy haciendo mayor. Erlaitz me parece un puertarraco y no fue para tanto. Endureció la carrera menos de lo que pensaba, si bien es verdad que Movistar comenzó a maniobrar en ese punto. La selección fue menor de lo que calculaba. Es bonito ver pasar la Clásica por mi Oiartzun el día de San Esteban.

Una carrera de mujeres digna de repetirse

La carrera de mujeres me causó una gratísima impresión. Si por la tarde asistimos a una exhibición mayúscula de Remco Evenepoel, no le anduvo a la zaga la que protagonizó al mediodía Lucy Kennedy. Pinchó la rueda delantera en el descenso de Mendizorrotz hacia Orio, le colocaron mal la de repuesto, le rozaba las zapatas... Pese a ello, encontró la manera de vencer y de hacernos olvidar a Van Vleuten. La australiana rindió a un nivel excelente y dio claras muestras de su excepcional categoría como ciclista. Me habría gustado ver a Ane Santesteban más adelante. No pudo ser. Correr en casa supone una presión añadida y la errenteriarra pudo acusarlo. La carrera me pareció interesante, bonita y digna de repetir.