Ciclismo

Erlaitz, nuevo giro de tuerca a la Klasika

Nuevo recorrido de la Clásica de San Sebastián /J.M. LopezGráfico
Nuevo recorrido de la Clásica de San Sebastián / J.M. Lopez

La Clásica de San Sebastián prevé sustituir la segunda subida a Arkale por este alto antes de Murgil | El estreno de las féminas, también el 3 de agosto, transitará una vez por Jaizkibel y Arkale para dar dos pasadas por Murgil Tontorra al final

Oskar Ortiz de Guinea
OSKAR ORTIZ DE GUINEASAN SEBASTIÁN.

Transformada la Itzulia, Organizaciones Ciclistas Euskadi (Oceta) también pretende dar un giro de tuerca a la Clásica de San Sebastián y variar su final para hacerlo más selectivo y menos previsible. Así, la próxima edición de la prueba, la 39ª, transcurrirá el sábado 3 de agosto por el alto de Erlaitz en lugar de la ya habitual segunda pasada por Arkale. Los últimos kilómetros se mantienen con la ascensión a Murgil Tontorra intercalada entre los dos pasos por línea de meta, a la que se llegaría tras 240 kilómetros de recorrido.

Esta variación en el trazado queda solo pendiente de la confirmación por parte del grupo organizador, pero cuenta ya con el visto bueno de la Ertzaintza, que también da su conformidad a que antes de la prueba masculina finalice la primera edición femenina. Esta constará de casi 150 kilómetros y las ascensiones a Gurutze, Jaizkibel, Arkale y Murgil, que se pasará en dos ocasiones consecutivas.

La evolución de la Donostia Klasika ha sido una constante desde su origen en 1981. En sus primeras ediciones, Jaizkibel fue su juez de paz. Inicialmente desde las faldas de Hondarribia y posteriormente desde la vertiente pasaitarra para que hubiera más terreno llano hasta meta y el vencedor no respondiera tanto a un escalador. A un Marino Lejarreta que hiciera valer su golpe de pedal tras el Tour de Francia.

La mejora de los materiales y los métodos de entrenamiento, entre otros factores, igualaron las fuerzas del pelotón hasta el punto que el coloso bidasotarra dejó de ser decisivo. Para evitar volatas de 50 ciclistas en el Boulevard donostiarra, sobre todo con el cambio de siglo se han venido introduciendo cotas con el ánimo de aumentar la criba. Primero en la etapa de Jaime Ugarte como coordinador general y luego con José Luis Arrieta. Así, en 2001 se añadió tras Jaizkibel la tachuela de Gurutze, suplida en 2008 por Arkale. Dos años después, se apostó por doblar Jaizkibel y Arkale. Ni esto terminaría bastando.

Cambian las reglas

La gran revolución llegó en 2014 con la inclusión de Bordako Tontorra y la bajada por Igeldo antes de la meta. La estrechez de este paso aconsejó su cambio dos años después por Murgil, que volverá a ser la última ascensión. El propósito con la presencia de Erlaitz sería evitar que la carrera resulte menos previsible que en las últimas ediciones, donde los equipos de corredores de las características de Alejandro Valverde, Joaquim Rodríguez, Michal Kwiatkowski o Julian Alaphilippe imponían un férreo control hasta pie de Murgil, donde salvo excepciones comenzaba la verdadera batalla por la txapela.

Oceta, que ahora lidera Julián Eraso, había tomado nota de esto a tenor de los últimos desenlaces de la Klasika. La inclusión de Murgil y antes Bordako permitía difundir a medio mundo unas impagables imágenes de La Concha y Donostialdea, pero lo cierto es que el último movimiento lejano que había tenido éxito en el Boulevard donostiarra databa de 2013, la edición previa a este experimento, cuando los Gallopin, Valverde, Landa, Kreuziger y compañía se movieron en el segundo paso por Jaizkibel.

La opción de Erlaitz hace ya un tiempo que se venía barajando. La dureza de sus rampas dificultaría un amplio reagrupamiento tras Jaizkibel y, a su vez, posibilitaría mayores diferencias que Arkale para aquellos corredores que decidieran moverse con más de 40 kilómetros por delante. Terreno habría para que esa hora final de carrera resultara eléctrica. La decisión, como siempre, quedará en manos de los artistas, que verán inamovible la primera parte de la Clásica, con las ascensiones a Meagas, Iturburu y Alkiza.

La prueba femenina, definida

La versión femenina augura una gran vencedora para su palmarés. No ganará una cualquiera, porque para ello deberá hacer frente a un selectivo viaje de casi 150 kilómetros. La carrera repetirá el itinerario de los hombres hasta Zarautz, donde se girará para regresar por el mismo camino y enlazar por Hernani y Astigarraga hacia el 'territorio Klasika', con la concatenación de los altos de Gurutze, Jaizkibel y Arkale. De aquí, se irá a Donostia y se pasará por meta antes de afrontar las dos subidas a Murgil, que serán consecutivas, sin pasar por meta.