Clásica de San Sebastián

Ración cuádruple de Murgil para una afición entregada

Eñaut González y Asier González (los dos primeros a la izquierda) vivieron y disfrutaron la carrera con sus amigos./Fotos: Unanue
Eñaut González y Asier González (los dos primeros a la izquierda) vivieron y disfrutaron la carrera con sus amigos. / Fotos: Unanue

Los seguidores se derriten al sol en el puerto igeldotarra para vibrar como nunca con las dos carreras

Eneko Pérez
ENEKO PÉREZ

Poco antes de las once de la mañana el ambiente en la última curva de la ascensión a Murgil -1.800 metros y tramos con desnivel de hasta el 22,9%- ya estaba encendido. No solo por el sol, que reinaba implacable en lo más alto, sino porque la afición sabía que ayer había cuádruple ración de subida, algo inédito hasta ahora.

Allí, en esa curva de herradura junto a sus bicicletas, estaba la cuadrilla de Unax Urretabizkaia. Este joven ciclista hernaniarra, de 14 años y que corre en la categoría cadete, estaba en su salsa. «Verles subir, darles ánimos, gritar... Es un espectáculo esta subida y esta afición», apuntaba. Sus amigos y él llegaron hasta allí como los profesionales, pedaleando. «Es una gozada tener una carrera así cerca de casa. Claro que hace ilusión ver a los mejores del mundo, chicos y chicas, correr a unos metros de ti», admitía.

Poco después del primer paso del pelotón femenino, que provocó una tremenda algarabía en ese punto de la ascensión, Gina Pizarro, Eli Lasa, y Gema y Belén Aurizenea, llegadas desde Aia, ya estaban preparando sus primeros bocadillos. «Es la primera vez que lo veo in situ, y me ha encantado, es increíble. Quién nos hubiera dicho hace 30 años que íbamos a ver a mujeres competir así en la Clásica...», señalaba Gema, una gran y veterana aficionada al ciclismo. «¡Van Vleuten es nuestra favorita! Aunque también hay ganas de ver a Alaphilippe, que acaba de hacer un Tour prodigioso», agregó Eli.

Más abajo, en el penúltimo giro antes de hacer cima y respirar, a los participantes de la carrera donostiarra les esperaba en la sombra 'La Curva de los Holandeses', compuesta por un grupo de románticos de la capital guipuzcoana que decidieron bautizar así este tramo. Uno de sus miembros, Xabier Zubimendi, destacaba que «me ha gustado ver las caras de las ciclistas al subir. Ha sido una grata sorpresa para ellas notar el aliento de toda la afición». Xabier añadió que «el ciclismo es algo que va en el ADN de los vascos». Rubén París, otro ilustre de esta curva, hizo una promesa: «Si gana Landa subo este puerto por primera vez, y en calzoncillos». El alavés no ganó... Qué alivio.

Arriba, Unax (fila superior a la derecha) con su cuadrilla. Mayores y pequeños, todos disfrutaron de la Clásica.

«Venimos a dejarnos la voz»

Junto a ellos se encontraba Arkaitz del Amo, ejerciendo de padre con su hijo. «No se entera mucho de qué va la fiesta, pero ya vamos haciendo afición. Nuestra familia vive mucho el ciclismo, de hecho estuvimos hace poco en el Tourmalet y de allí nos vinimos con los clásicos maillots de montaña con los que vamos vestidos hoy». A escasos metros le observaba atentamente su hija.

Otra joven cuadrilla de donostiarras estaba también apostada en la sombra, ya que las temperaturas al mediodía se acercaban a los 30 grados y no se veía ninguna nube en un firmamento alterado de vez en cuando por el vuelo del helicóptero de la carrera. Eñaut González, estudiante de Periodismo, indicó que «esta ascensión es dura, pero la afición se porta increíble y eso les ayuda. Estar aquí es un planazo, hemos venido provistos de sidra, bocadillos... La idea es dejarnos la voz».

Asier González, uno de los amigos, recalcó entre risas que «nosotros somos unos clásicos ya de esta carrera, ya sea aquí o en Jaizkibel, procuramos no fallar nunca. Me ha parecido brutal el ritmo que llevaban algunas de las ciclistas, se nota que la prueba tiene nivel».

La ilusión de los niños

Que Gipuzkoa es un territorio ciclista es de sobra conocido por todos, pero siempre reconforta ver a los más pequeños disfrutar y vivir la magia de las dos ruedas en vivo y en directo. Ellos son el futuro.

El donostiarra Jon Bengoetxea, otro amante de este deporte y su cultura, estaba rodeado de esos pequeños seguidores, que no paraban de lanzar sus preferencias a la hora de pronosticar al ganador de la carrera masculina: «¡Va a ganar Landa!», «¡No, Valverde», «¡A mí me gusta Gorka Izagirre, se llama como yo!». El reto para el año que viene es saber más nombres del pelotón femenino. «Llegará el día en el que haya plena igualdad, estoy seguro», aseguró cerca de ese corrillo Damián Puy. A Lucy Kennedy, la ganadora de esta edición, seguro que le haría mucha ilusión.

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